Durante muchos años hemos asociado dos conceptos de una manera casi automática: renta variable significa riesgo y renta fija significa seguridad.
Pero la realidad es bastante más compleja.
La renta fija puede desempeñar un papel fundamental dentro de una cartera de inversión. Puede aportar estabilidad, generar rentas, reducir la volatilidad global de una cartera e incluso ofrecer oportunidades interesantes en determinados momentos del ciclo económico.
Pero renta fija no significa rentabilidad fija. Y mucho menos significa ausencia de riesgo.
Un bono puede subir y bajar de precio. Un fondo de renta fija puede presentar rentabilidades negativas. Una inversión aparentemente conservadora puede sufrir pérdidas importantes si asumimos demasiada duración, riesgo de crédito o necesitamos recuperar el dinero antes de tiempo.
Para entender por qué sucede todo esto no hace falta ser economista ni dominar complejas fórmulas financieras.
Hay que empezar por el principio.
¿Qué es realmente la renta fija?
Cuando compramos una acción de una empresa nos convertimos, proporcionalmente, en propietarios de esa compañía.
Cuando compramos un bono ocurre algo completamente diferente:
le estamos prestando nuestro dinero a alguien.
Ese alguien puede ser un Estado, una comunidad autónoma, un organismo público, una entidad financiera o una empresa.
A cambio de nuestro dinero, el emisor se compromete normalmente a pagarnos unos intereses y a devolvernos el capital en una fecha determinada.
Por eso, cuando invertimos en renta fija somos acreedores, no propietarios.
Imaginemos que una empresa necesita financiar una nueva fábrica por 100 millones de euros.
Podría solicitar un préstamo bancario, ampliar capital incorporando nuevos accionistas o emitir deuda.
Si opta por emitir bonos, podría dividir esos 100 millones en miles de títulos y ofrecerlos a los inversores.
Nosotros compramos uno de esos bonos.
Acabamos de prestarle dinero a la empresa.
A partir de aquí aparecen cuatro conceptos básicos:
- Valor nominal: cantidad que representa el bono y que normalmente recibiremos en su vencimiento.
- Cupón: interés que paga periódicamente.
- Vencimiento: fecha en la que el emisor debe devolver el capital.
- Emisor: Estado, empresa u organismo al que estamos prestando nuestro dinero.
Parece sencillo. Y realmente lo es. La dificultad aparece cuando ese bono empieza a negociarse en el mercado.
Un ejemplo sencillo: prestamos 10.000 euros
Supongamos que compramos un bono por:
10.000€
con vencimiento a:
5 años
y que paga un cupón anual del:
3%
Cada año recibiremos:
300€
y, si todo transcurre según lo previsto, al finalizar los cinco años recuperaremos nuestros 10.000€.
En principio:
300€ × 5 años = 1.500€ en cupones
más:
10.000€ de devolución del capital.
Hasta aquí parece que la rentabilidad está perfectamente determinada.
Entonces, ¿dónde está el problema?
En que durante esos cinco años los tipos de interés del mercado pueden cambiar.
Y cuando cambian los tipos, cambia el valor de nuestro bono.
La regla fundamental de la renta fija
Hay una relación que cualquier inversor debería comprender:
Cuando los tipos de interés suben, el precio de los bonos existentes tiende a bajar.
Cuando los tipos de interés bajan, el precio de los bonos existentes tiende a subir.
¿Por qué?
Volvamos a nuestro bono.
Tenemos un bono de 10.000€ que paga un 3 %, es decir, 300€ anuales.
Supongamos que un año después los tipos de interés han subido considerablemente y los nuevos bonos con características y riesgo similares ofrecen ahora un 5 %.
Un nuevo inversor puede elegir entre:
nuestro bono: paga 300€ anuales.
un bono nuevo: paga 500€ anuales por cada 10.000€ de nominal.
¿Qué bono preferirá?
Evidentemente, el nuevo.
Por tanto, si queremos vender el nuestro antes de su vencimiento, difícilmente alguien estará dispuesto a pagarnos los mismos 10.000€.
Para que nuestro bono vuelva a resultar competitivo, su precio tendrá que bajar.
Eso es exactamente lo que sucede en los mercados de renta fija.
Y también funciona en sentido contrario.
Supongamos ahora que tenemos nuestro bono al 3%, pero los tipos de mercado bajan y los nuevos bonos equivalentes ofrecen solamente un 1,5%.
Nuestro bono, que continúa pagando 300€ anuales, se vuelve mucho más atractivo.
Habrá inversores dispuestos a pagar más de 10.000€ por él.
Su precio subirá. No hay ninguna contradicción. El cupón sigue siendo el mismo.Lo que cambia es el precio que el mercado está dispuesto a pagar por recibir esos flujos futuros.
Entonces, ¿por qué se llama renta “fija”?
Esta es probablemente una de las mayores fuentes de confusión.
El término renta fija no significa que el precio del activo sea fijo.
Hace referencia fundamentalmente a que las condiciones de los flujos que genera la deuda están establecidas de antemano o responden a una fórmula previamente conocida.
Por ejemplo:
un bono puede pagar un 3% anual;
otro puede pagar Euríbor + 1%;
una Letra del Tesoro puede no pagar ningún cupón y ofrecer su rentabilidad mediante la diferencia entre el precio de compra y el importe que recibiremos al vencimiento.
La CNMV explica precisamente que los productos de renta fija representan una deuda para quien los emite y que sus intereses pueden estar determinados desde el inicio o referenciados a algún indicador.
Por tanto:
renta fija no significa precio fijo. Y tampoco significa: rentabilidad garantizada.
Cupón y rentabilidad no son lo mismo
Aquí aparece otra confusión muy habitual. Imaginemos un bono con:
Valor nominal: 1.000€
Cupón: 3%
Pago anual: 30€
Si compramos ese bono exactamente por 1.000€, esos 30€ representan efectivamente un 3% sobre nuestro desembolso.
Pero imaginemos que los tipos han subido y el bono ahora cotiza a: 900€
El bono continúa pagando exactamente los mismos 30€. Pero nosotros solamente hemos pagado 900€.
Además, si lo mantenemos hasta vencimiento y el emisor cumple sus obligaciones, recibiremos los 1.000€ de nominal.
Nuestra rentabilidad, por tanto, ya no depende únicamente del cupón.
Obtendremos: los cupones periódicos y la diferencia entre los 900€ pagados y los 1.000€ recuperados al vencimiento. Por eso un bono con un cupón del 3% puede ofrecer una rentabilidad superior al 3%.
También puede ocurrir exactamente lo contrario.
Si compramos ese bono por 1.100€, seguiremos cobrando 30€ anuales, pero al vencimiento recibiremos 1.000€. Habremos pagado una prima que también afecta a nuestra rentabilidad.
Aquí aparece un concepto fundamental:
la TIR o rentabilidad a vencimiento.
Simplificándolo mucho, la TIR intenta recoger la rentabilidad anual que obtendríamos comprando el bono al precio actual y manteniéndolo hasta su vencimiento, teniendo en cuenta los flujos previstos y bajo determinados supuestos.
Por eso, cuando analizamos renta fija, mirar solamente el cupón puede llevarnos a conclusiones equivocadas.
Precio, cupón y rentabilidad: tres conceptos diferentes
Podemos resumirlo así:
- Cupón: cuánto paga periódicamente el bono sobre su nominal.
- Precio: cuánto tenemos que pagar hoy para comprarlo.
- Rentabilidad: qué rendimiento obtenemos realmente sobre el dinero invertido.
Entender esta diferencia cambia completamente nuestra forma de mirar la renta fija.
Un bono con un cupón elevado no tiene por qué ser necesariamente una magnífica inversión.
Y un bono con un cupón bajo puede resultar atractivo si podemos comprarlo suficientemente por debajo de su valor nominal.
¿Y si no vendo y espero hasta el vencimiento?
Esta es una pregunta importantísima.
Volvamos al bono de 10.000€. Si el emisor cumple con sus obligaciones, nosotros cobramos nuestros cupones y mantenemos el bono hasta vencimiento, las fluctuaciones intermedias de precio pueden no materializarse como una pérdida.
Nuestro bono podría llegar a cotizar a:
9.800€
9.300€
o incluso 8.500€.
Pero si no vendemos y el emisor cumple, llegado el vencimiento recibiremos el importe que corresponda según las condiciones de emisión, normalmente el nominal.
Eso no significa que no haya ocurrido nada. Existe algo que en economía denominamos:
coste de oportunidad.
Imaginemos que durante cinco años hemos mantenido un bono al 2%, mientras que poco después de comprarlo comenzaron a ofrecerse bonos equivalentes al 4,5%.
Podemos recuperar nuestro capital y no haber registrado una pérdida nominal. Pero durante años hemos estado obteniendo una rentabilidad sensiblemente inferior a la que ofrecía posteriormente el mercado.
Por eso conviene diferenciar entre:
perder dinero y dejar de ganar una rentabilidad alternativa.
No son exactamente lo mismo.
Cuanto más largo es el plazo, mayor suele ser la sensibilidad
Aquí entramos en uno de los conceptos más importantes de la renta fija:
la duración.
No necesitamos entrar en fórmulas matemáticas para entender su utilidad.
La duración nos ayuda a estimar la sensibilidad del precio de un bono ante movimientos de los tipos de interés.
Imaginemos tres bonos similares:
Bono A → vencimiento dentro de 2 años.
Bono B → vencimiento dentro de 10 años.
Bono C → vencimiento dentro de 30 años.
Si los tipos de interés aumentan bruscamente, los tres pueden verse afectados. Pero normalmente el bono a 30 años reaccionará mucho más que el bono a 2 años. ¿Por qué? Porque nos hemos comprometido durante muchísimo más tiempo a recibir unos flujos que ahora pueden resultar menos atractivos que los disponibles en el mercado.
De forma muy aproximada, una duración modificada de 7 implicaría que un movimiento de un punto porcentual en los tipos podría provocar un movimiento cercano al 7 % en sentido contrario en el precio del bono, aunque en la práctica existen otros factores y la relación no es perfectamente lineal.
Lo importante no es memorizar la fórmula. Lo importante es comprender esto:
a mayor duración, mayor sensibilidad a los movimientos de tipos de interés.
Por eso dos fondos catalogados como “renta fija” pueden tener comportamientos completamente distintos. Uno puede invertir principalmente en deuda a muy corto plazo. Otro puede tener bonos con vencimientos muy largos. Ambos son renta fija. Pero no están asumiendo el mismo riesgo.
2022: cuando muchos inversores descubrieron que la renta fija también cae
Durante años, muchos inversores se acostumbraron a considerar los bonos como la parte tranquila de sus carteras.
Hasta que llegó 2022.
La fuerte inflación obligó a los bancos centrales a endurecer rápidamente su política monetaria y los tipos de interés aumentaron a una velocidad que no se había visto durante mucho tiempo.
¿Qué ocurrió con muchos bonos emitidos anteriormente a tipos muy bajos?
Sus precios cayeron. Y cuanto mayor era su duración, mayor podía ser el impacto.
Muchos inversores comprobaron entonces algo que teóricamente siempre había sido cierto:
un fondo de renta fija puede tener pérdidas.
No había dejado de funcionar la renta fija. Estaba funcionando exactamente como debía funcionar.
El segundo gran riesgo: ¿Quién me debe el dinero?
Hasta ahora hemos hablado principalmente de tipos de interés. Pero existe otra pregunta incluso más importante:
¿Quién tiene que devolverme mi dinero?
No es lo mismo prestar dinero a un Estado con una elevada capacidad financiera que hacerlo a una compañía con un balance muy endeudado y dificultades para generar caja.
Aquí aparece el:
riesgo de crédito.
Es la posibilidad de que el emisor tenga dificultades para pagar los intereses o devolver el principal. Las agencias de calificación crediticia intentan evaluar ese riesgo mediante diferentes escalas de ratings.
De forma simplificada encontramos dos grandes grupos:
- Investment Grade: emisores considerados de mayor calidad crediticia.
- High Yield: emisores con una calificación inferior y, por tanto, generalmente asociados a un mayor riesgo de crédito.
¿Significa eso que nunca debamos invertir en High Yield?
No.
Significa que tenemos que entender qué riesgo estamos asumiendo y qué rentabilidad recibimos a cambio.
Porque existe una regla que merece la pena recordar:
En los mercados financieros, una rentabilidad extraordinariamente superior rara vez aparece porque alguien haya decidido hacernos un regalo.
Si dos bonos aparentemente similares ofrecen:
uno un 3% y otro un 8%, antes de escoger el segundo simplemente porque “paga más” deberíamos preguntarnos:
¿por qué paga más? Probablemente el mercado esté exigiendo una compensación adicional por asumir algún riesgo.
La prima de crédito
Imaginemos dos bonos a cinco años. Uno lo emite un Estado considerado muy solvente. El otro lo emite una empresa con bastante deuda. El primero ofrece un 2,5%. El segundo ofrece un 4,5%.
La diferencia:
2 puntos porcentuales
representa, simplificando, la compensación adicional que exige el mercado por prestar dinero al emisor corporativo en lugar de al activo utilizado como referencia.
Esto es lo que conocemos como:
spread o diferencial de crédito.
Y esos diferenciales también cambian. Si los inversores empiezan a preocuparse por una compañía, exigirán una rentabilidad superior para comprar sus bonos.
Para que esa rentabilidad aumente, el precio de los bonos existentes deberá caer.
Por tanto, un bono puede bajar de precio aunque los tipos oficiales no se hayan movido.
Puede hacerlo simplemente porque:
el mercado considera que ha aumentado el riesgo de que el emisor no pague.
No toda la renta fija es igual
Hablar simplemente de “renta fija” es casi tan genérico como hablar de “acciones”.
Dentro de este universo encontramos instrumentos muy diferentes.
Letras del Tesoro
Son instrumentos de deuda pública a corto plazo.
No pagan normalmente un cupón periódico. Se adquieren al descuento y la rentabilidad procede de la diferencia entre el precio pagado y el nominal recibido al vencimiento.
Bonos y Obligaciones del Estado
Son deuda pública a medio y largo plazo y pagan normalmente intereses periódicos mediante cupones.
Bonos corporativos
Son deuda emitida por empresas.
El inversor presta dinero a una compañía a cambio de unos determinados intereses.
Pagarés de empresa
Son instrumentos de financiación empresarial generalmente de corto plazo y habitualmente emitidos al descuento.
Bonos High Yield
Deuda de emisores con menor calidad crediticia.
Suelen ofrecer rentabilidades superiores precisamente porque asumimos mayor riesgo.
Bonos ligados a la inflación
Sus características permiten que determinados pagos estén relacionados con la evolución de la inflación.
Bonos a tipo variable
El cupón evoluciona en función de una referencia determinada.
Por tanto, decir: “invierto en renta fija” nos dice relativamente poco. Necesitamos saber: qué renta fija, qué vencimientos, qué duración, qué emisores, qué calidad crediticia, en qué divisa, y a qué precio.
Existe otro riesgo del que se habla poco: la liquidez
Supongamos que tenemos un bono y queremos venderlo mañana.
Necesitamos encontrar un comprador.
En emisiones muy líquidas esto puede resultar relativamente sencillo.
Pero no todos los bonos tienen la misma negociación.
Puede ocurrir que encontremos pocos compradores o que, para conseguir vender inmediatamente, tengamos que aceptar un precio considerablemente inferior.
La CNMV identifica precisamente el riesgo de liquidez como uno de los principales riesgos de la renta fija, junto con el riesgo de mercado y el riesgo de crédito.
Esto demuestra nuevamente que:
tener derecho a recuperar una determinada cantidad al vencimiento no significa necesariamente poder recuperar esa misma cantidad cualquier día anterior.
Y todavía queda otro riesgo: la inflación
Supongamos que compramos un bono que ofrece una rentabilidad del:
3% anual. Parece razonable. Pero imaginemos que durante ese mismo periodo la inflación es del: 4%.
Nominalmente hemos ganado dinero. Nuestro patrimonio ha aumentado un 3%. Pero los precios han aumentado un 4%.
En términos de capacidad de compra:
somos un poco más pobres.
Por eso debemos distinguir entre: rentabilidad nominal y rentabilidad real.
De manera simplificada:
rentabilidad real ≈ rentabilidad nominal – inflación.
Una inversión puede generar beneficios nominales y, simultáneamente, provocar una pérdida de poder adquisitivo.
Comprar un bono no es lo mismo que invertir en un fondo de renta fija
Esta diferencia es fundamental. Supongamos que compramos directamente un bono con vencimiento en 2030. Tenemos una fecha concreta. Si el emisor cumple y mantenemos el bono hasta el vencimiento, sabemos qué sucederá según sus condiciones de emisión.
Un fondo tradicional de renta fija funciona de otra manera.
El fondo puede tener: cientos de bonos, diferentes emisores, distintos vencimientos, diferentes cupones, distintos ratings y diferentes países.
Los bonos van venciendo y el gestor reinvierte continuamente el dinero. Por eso:
un fondo de renta fija tradicional no tiene una fecha de vencimiento.
La CNMV recuerda, además, que un fondo de renta fija no ofrece al partícipe un rendimiento fijo predeterminado. Su resultado dependerá de cómo evolucionen los activos que componen su cartera.
Esta diferencia es crucial.
Un inversor no debería pensar:
“Mi fondo ha caído un 5%, pero esperaré al vencimiento.”
¿A qué vencimiento?
El fondo, salvo estructuras específicamente diseñadas para ello, no vence.
Entonces, ¿cómo gana dinero un fondo de renta fija?
Esta pregunta permite entender mucho mejor cómo funciona realmente esta clase de activo.
Simplificando, su rentabilidad puede proceder de diferentes fuentes:
1. Los cupones que cobran los bonos de la cartera.
2. Las variaciones en los tipos de interés.
Si bajan las rentabilidades exigidas por el mercado, determinados bonos pueden revalorizarse.
3. Los movimientos de los diferenciales de crédito.
Si mejora la percepción sobre determinados emisores, sus bonos pueden aumentar de precio.
4. La selección de bonos.
Un gestor puede encontrar oportunidades entre diferentes países, compañías, sectores o vencimientos.
5. La gestión de la duración.
Puede aumentar o reducir la sensibilidad de la cartera a los movimientos de tipos.
Y aquí aparece una paradoja muy interesante.
Una subida de tipos puede ser mala hoy y buena para mañana
Imaginemos un fondo que posee bonos con rentabilidades relativamente bajas. Los tipos de interés suben. Primera consecuencia:
los bonos que ya tiene pierden valor.
El valor liquidativo del fondo puede caer. Parece una mala noticia. Pero pasa el tiempo. Algunos bonos vencen. El fondo recupera ese dinero. ¿Y dónde lo reinvierte? En nuevos bonos que ahora ofrecen rentabilidades superiores. Por tanto, la cartera empieza progresivamente a generar mayores ingresos.
Esto explica algo muy importante:
una subida de tipos puede perjudicar a corto plazo a una cartera de renta fija y, simultáneamente, mejorar sus expectativas de rentabilidad futura.
Y exactamente al contrario:
una caída de tipos puede producir ganancias de precio inmediatas, pero hacer que las futuras reinversiones se realicen a rentabilidades inferiores.
La renta fija está permanentemente equilibrando:
precio actual y rentabilidad futura.
El riesgo de reinversión
Imaginemos que tenemos un bono magnífico que paga un 5%. Llega su vencimiento. Recuperamos el dinero. Pero ahora los bonos equivalentes solamente ofrecen un 2%.
¿Qué hacemos?
Nuestro bono no ha sufrido ningún problema. Hemos cobrado exactamente lo prometido. Pero ahora tenemos que reinvertir nuestro capital a una rentabilidad mucho menor. Eso es:
riesgo de reinversión.
Es especialmente importante para inversores que necesitan generar rentas recurrentes durante periodos prolongados.
¿Qué ocurre con los fondos de vencimiento objetivo?
Entre comprar un bono individual y utilizar un fondo tradicional existe otra posibilidad interesante: determinadas estrategias de renta fija con vencimiento objetivo.
Estos productos construyen carteras de bonos cuyos vencimientos se concentran alrededor de una fecha determinada.
Por ejemplo:
2028
2030
2032
Esto puede proporcionar al inversor una referencia temporal más clara que un fondo tradicional.
Pero conviene evitar otro error:
tener una fecha objetivo no convierte automáticamente la inversión en un depósito garantizado.
Continúan existiendo riesgos de crédito, mercado, liquidez y otros derivados de los activos que componen la cartera.
Como siempre, hay que entender qué estamos comprando.
¿Es mejor comprar bonos directamente o utilizar fondos?
No existe una respuesta universal. Depende del patrimonio, horizonte temporal, necesidades de liquidez, conocimientos y estrategia del inversor.
Comprar bonos directamente puede permitir:
conocer vencimientos concretos, planificar determinados flujos, y construir una cartera escalonada de vencimientos.
Los fondos permiten:
diversificar entre numerosos emisores, acceder a mercados difíciles para un inversor particular, delegar la selección de bonos, gestionar profesionalmente la duración y el crédito, y adaptar dinámicamente la cartera.
Ninguna alternativa es automáticamente mejor. Son herramientas diferentes.
Una escalera de bonos: convertir el tiempo en parte de la estrategia
Existe una estrategia bastante intuitiva conocida como bond ladder o escalera de bonos.
Imaginemos que disponemos de 100.000 €.
En lugar de invertirlos íntegramente en un bono a diez años, podríamos distribuirlos entre vencimientos diferentes:
20.000 € → 1 año
20.000 € → 2 años
20.000 € → 3 años
20.000 € → 4 años
20.000 € → 5 años
Cada año vence una parte de la cartera.
Ese dinero puede utilizarse o reinvertirse a los tipos disponibles en ese momento.
Con ello reducimos la dependencia de haber realizado toda nuestra inversión en un único momento y a un único tipo de interés.
No eliminamos el riesgo.
Lo distribuimos de otra manera.
Entonces, ¿la renta fija es conservadora?
Depende. Una Letra del Tesoro a pocos meses y un bono High Yield a diez años son ambos renta fija pero su perfil de riesgo es completamente distinto.
También puede ser muy diferente:
un bono alemán a dos años, un bono empresarial subordinado, deuda emergente en moneda local, un fondo de renta fija de duración 1, y un fondo de bonos de duración 15.
Todos pertenecen al universo de renta fija.
Por eso clasificar una inversión simplemente como: “conservadora porque es renta fija”es una simplificación peligrosa. La pregunta correcta debería ser:
¿Qué riesgos concretos estoy asumiendo dentro de esa renta fija?
Una pequeña brújula para entender qué puede ocurrir
| Si ocurre esto… | Normalmente… |
|---|---|
| Suben los tipos de interés | ↓ Precio de los bonos existentes |
| Bajan los tipos de interés | ↑ Precio de los bonos existentes |
| Aumenta la duración | ↑ Sensibilidad a los tipos de interés |
| Empeora la solvencia del emisor | ↓ Precio del bono |
| Aumenta el riesgo de crédito | ↑ Rentabilidad exigida |
| Mejora la solvencia del emisor | ↓ Diferencial exigido |
| Compramos un bono por debajo del nominal | ↑ Potencial rentabilidad a vencimiento, en igualdad de condiciones |
| Compramos un bono por encima del nominal | ↓ Rentabilidad frente al cupón, en igualdad de condiciones |
| Aumenta la inflación esperada | Puede aumentar la rentabilidad exigida por el mercado |
| Suben los tipos y podemos reinvertir | ↑ Potencial rentabilidad futura |
| Necesitamos vender antes del vencimiento | Estamos expuestos al precio de mercado |
No son reglas matemáticas invariables porque en los mercados interactúan muchos factores simultáneamente.
Pero constituyen una excelente brújula.
Antes de invertir en renta fija, haría estas preguntas
Más que preguntarnos simplemente cuánto paga una inversión, deberíamos intentar conocer:
¿Quién me debe el dinero?
¿Cuándo tiene que devolvérmelo?
¿Qué calidad crediticia tiene?
¿Qué rentabilidad obtengo realmente al precio que estoy pagando?
¿Cuál es su duración?
¿Qué ocurriría si los tipos subieran un 1 %?
¿Podría vender fácilmente si necesitara recuperar mi dinero?
¿En qué moneda está denominada la inversión?
¿Estoy comprando un bono individual o un fondo?
¿Qué papel debe desempeñar esta inversión dentro de mi patrimonio global?
Esta última pregunta es probablemente la más importante.
Porque una inversión no debería analizarse aisladamente.
Debe analizarse dentro de una planificación financiera.
Renta fija no significa ausencia de riesgo
Esta es probablemente la idea más importante de todo el artículo.
Durante demasiado tiempo hemos simplificado el mundo de la inversión en dos cajones:
Renta variable = riesgo.
Renta fija = seguridad.
Pero los mercados financieros no funcionan así. La renta fija tiene riesgos. Riesgo de tipos de interés. Riesgo de crédito. Riesgo de liquidez. Riesgo de reinversión. Riesgo de inflación. Riesgo de divisa cuando invertimos en monedas diferentes.
Y dependiendo del instrumento, pueden existir otros riesgos adicionales.
La propia CNMV advierte de que una de las creencias erróneas más extendidas consiste precisamente en considerar la renta fija como una inversión sin riesgo.
Comprender esos riesgos no debería alejarnos de la renta fija.
Al contrario.
Nos permite utilizarla mejor.
La renta fija no es sencilla, pero tampoco tiene por qué ser complicada
No necesitamos calcular matemáticamente la duración de un bono para entender que un bono a treinta años puede reaccionar mucho más ante una subida de tipos que otro que vence dentro de seis meses.
No necesitamos convertirnos en analistas de crédito para comprender que una empresa muy endeudada deberá ofrecer normalmente más rentabilidad para convencer a alguien de que le preste dinero.
Y tampoco necesitamos dominar complejas fórmulas financieras para entender que un bono que paga un 2 % será menos atractivo si mañana podemos comprar otro equivalente que paga un 4 %.
Detrás de toda la aparente complejidad de la renta fija existe una idea bastante sencilla:
estamos prestando nuestro dinero y queremos ser compensados adecuadamente por el tiempo y el riesgo que asumimos.
Cuanto mayor sea la incertidumbre acerca de cuándo recuperaremos nuestro dinero, cuánto valdrá entonces, o incluso si conseguiremos recuperarlo, mayor rentabilidad exigiremos normalmente.
Por eso los precios cambian.
Por eso las rentabilidades cambian.
Y por eso la renta fija también puede ofrecer oportunidades.
Conclusión: entender qué tenemos antes de mirar cuánto gana
Cuando analizamos una inversión es tentador empezar mirando la rentabilidad.
¿Qué paga?
¿Cuánto puedo ganar?
¿Qué rentabilidad ha obtenido este fondo?
Quizá deberíamos invertir el orden de las preguntas.
Primero:
¿Qué estoy comprando?
Después:
¿qué riesgos estoy asumiendo?
Y solamente entonces:
¿qué rentabilidad puedo esperar razonablemente a cambio?
La renta fija puede ser una herramienta extraordinariamente útil para construir patrimonio, generar rentas, diversificar inversiones y controlar el riesgo de una cartera.
Pero para utilizarla correctamente debemos abandonar una idea demasiado arraigada:
“renta fija” no significa “rentabilidad fija”.
Significa que estamos entrando en el enorme mercado de la deuda.
Y dentro de ese mercado podemos encontrar desde inversiones extremadamente conservadoras hasta activos capaces de experimentar pérdidas considerables.
Entender la diferencia entre cupón y rentabilidad, entre precio y nominal, entre crédito y duración, y especialmente entre comprar un bono y participar en un fondo de renta fija nos permite tomar decisiones mucho más racionales.
Porque invertir mejor no consiste necesariamente en asumir más riesgo.
Consiste, primero, en comprender qué riesgos estamos asumiendo y por qué estamos siendo remunerados por ellos.
Disclaimer: El presente artículo tiene fines exclusivamente informativos y educativos. Las opiniones y reflexiones expresadas reflejan únicamente el momento en que fueron publicadas, basándose en la información disponible en ese instante y no representan necesariamente a la empresa en la que trabajo y no constituye una recomendación de inversión ni asesoramiento financiero personalizado. La toma de decisiones de inversión debe realizarse considerando el perfil del inversor y, en su caso, con el apoyo de un profesional debidamente cualificado.